Leonel Messi acelera y chao. Así lo hacía el gordo Ronaldo. Si se les da un metro de ventaja, a sacarla del arco. Igual pasaba con Maradona. Pero los tanques de antes eran otra cosa. Aceleración más fuerza. Ronaldo fue el que más se les pareció. No es lo mismo para un defensa ver llegar un panzer, un elefante corriendo, que ver llegar a una liebre. Por eso los defensas de antes eran más “patabravas”.
Todo esto recordando a Ángel Labruna y a uno que, para mí, es el mejor jugador que vi: José Manuel “El charro” Moreno. Llegó a Colombia ya maduro, obeso, en olor de “alcohol”. Venía de México, luego de brillar en su Argentina.
A nadie le vi tanto dominio del balón a doscientos millas de velocidad. Y a carcajadas.
A Labruna, que nunca salió de River, creo que no lo vi. Pero he leído que al igual que Moreno cuando aceleraba en pocos metros era una tromba.
Di Stéfano era otra cosa. Raudo pero de carrera larga. Labruna y Moreno eran de corto pero contundente recorrido.
A Messi lo nutrieron con hormonas para que se parezca a esos modelos de efectividad.
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La final es Brasil-Argentina. Está escrita.





