Rueda la pecosa mundialista

10/06/2010
By Juan Mesa

“Esto ya empezó”, me dijo Jimmy, mi roommate, esta mañana.

Así es. Ya estamos en Mundial. Faltan horas para acabar con las especulaciones. Pronto sabremos si México llegó al quinto partido o hizo un papelón. Si Maradona es dios o confirmamos que nació para crack pero no para técnico. Si Dunga hizo bien al dejar el jogo bonito y los borrachos gordos en Brasil. Si España se graduó como grande. Si Capello volvió a ser campeón. Si Ballack era la sal de Alemania. Si hicieron falta los lesionados. Si Salvador Cabañas era el alma de Paraguay.  Si los gringos aprendieron a jugar fútbol. Si Marcelo Bielsa es un DT de clase mundial. Si Sudáfrica pudo. Si Messi es el mejor de la historia.   

¿Por qué un Mundial paraliza tanto? Lo venden bien. Futbolísticamente no me parece mejor que la Champions League. Es diferente. El tono patriótico le pone más drama al asunto. Se siente como una guerra tribal. Un color, unos rasgos, contra otros. La única billetera que manda es la de la FIFA. Un equipo no es mejor porque puede comprar a los mejores jugadores del mundo sino porque los produce. Se vuelve personal. Todos los argentinos creen que tienen algo de Messi  o que él es tan bueno porque es argentino, como ellos. Y así piensan los marfileños de Drogba o los portugueses de Cristiano.

El primer Mundial en mi memoria fue España 82. Mi mamá deliraba por los italianos, especialmente Paolo Rossi. Fueron nuestros favoritos y ganaron. México 86 fue Maradona. Estaba a pocos centímetros del televisor y  el sol entraba por la ventana cuando Maradona le metió la mano a los ingleses. Como de niño jugaba de arquero mis otros héroes del Mundial fueron Jean Marie Pfaff  de Belgica y Badou Zaki de Marruecos.

El Mundial de Italia 90 lo viví con el corazón en la mano porque Colombia clasificó tras 28 años de ausencia. Ese equipo del Pibe Valderrama partió la historia del fútbol colombiano. Por esa selección los colombianos tenemos ilusiones con el fútbol.  Por aquel gol de Rincón contra Alemania, así  fracasemos, volveremos a creer.

USA 94  y Francia 98 fueron desolación. Con Colombia eliminada en primera ronda el interés mermó. Esos mundiales solamente me dejaron un goleador sensacional como Romario y un golazo de Dennis Bergkamp contra Argentina.

El de Corea y Japón 2002 fue el Mundial que menos pude ver. Estaba recién llegado a Nueva York y la ciudad no me dio tiempo. Entendí que había algo más grande que el fútbol. Lo poco que vi fue de manera cosmopolita. Kwasid, un ghanés, me ayudó a reunir un grupo de personas para ver la final a las seis de la mañana. Nuestra promesa fue llevarlos a desayunar al Veselka, un restaurante ucraniano en el East Village.

El de Alemania 2006 fue más estable. Dos partidos memorables: Argentina-México en octavos de final, y Alemania-Italia en semifinales. Más que nada fue el mundial de Zidane. Un jugador real. De mis preferidos de todos los tiempos. Pocos le dan un baile a Brasil y luego mandan la gloria al carajo por hacer respetar la familia. Fue la segunda vez que entendí que había algo más grande que el fútbol.  

Ahora el mundial africano.  La apuesta más arriesgada de la FIFA. También la más plausible. El que se queje de las vuvuzelas es racista. Todos tenemos derechos.  Será el primer mundial de Manzana Pecosa, con podcast diarios y muchos invitados.

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  • Calimenio

    Mexico no pasa el 5 partido.